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El plomo sigue envenenando a niños en Estados Unidos. No tiene que ser así.

today03/22/2023 24

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La única manera de acabar con los daños persistentes de la contaminación por plomo es eliminar la exposición. Es posible lograrlo con las medidas adecuadas. Esto fue lo que hicieron vecinos en un barrio hispano de California.

Este reportaje, realizado por el Center for Public Integrity en alianza con Grist y Univision Noticias, es el tercero de una serie sobre contaminación de los suelos con plomo publicada inicialmente por Grist. La reportera Yvette Cabrera ha investigado el impacto del plomo por ocho años.

La noticia fue un shock: el plomo, escondido en la casa de Nalleli Garrido, estaba envenenando a su hijo de un año.

Su pediatra le dijo que limpiara todos los juguetes del pequeño Rubén, mantuviera la casa libre de polvo y evitara que jugara en el suelo descubierto del exterior de su cabaña, la cual habían alquilado en el barrio de Logan, en Santa Ana, California. Ella hizo todo lo que pudo. Pero el polvo seguía colándose dentro de la casa.

Nadie le ofrecía una alternativa. La única solución que encontraron ella y su marido fue irse. En 2019, después de dos años de preocupación constante, se mudaron a la ciudad de Buena Park, en el norte, y compraron una casa con un jardín con césped, no una parcela de tierra expuesta como su patio delantero de Santa Ana, donde el metal tóxico podía encontrarse en concentraciones de hasta 148 partes de plomo por millón de tierra. La Oficina de Evaluación de Peligros para la Salud Ambiental de California considera que 80 partes por millón o más son peligrosas para los niños.

“Me aterraba sacar a mi hijo”, dijo Garrido, enfermera psiquiátrica. “Incluso paseando por el patio, les decía a mis hijos que contuvieran la respiración. ‘No respiren eso, no respiren el polvo'”.

A través del país, el principal consejo que se da a las familias amenazadas por la exposición a suelos con plomo — mantener la casa limpia — no funciona, según demuestran los estudios. Y las guías federales sobre la exposición tienen umbrales demasiado altos para proteger a los niños de daños irreversibles. Pero de costa a costa, líderes comunitarios, defensores de la salud y académicos están presionando para que se busquen soluciones reales y se ponga fin al envenenamiento de los niños con plomo, generación tras generación tras generación.

Los científicos están colaborando con los residentes para recoger muestras de plomo del suelo y elaborar un mapa nacional que muestre los puntos peligrosos. Algunas ciudades ofrecen tierra limpia para cubrir el suelo de los patios contaminados con plomo, protegiendo a niños y adultos de una mayor exposición. Y, en Santa Ana, una coalición convenció a los funcionarios municipales para que empezaran a tratar el peligro medioambiental como una prioridad.

“Creo que deberíamos reconocer estos legados violentos, peligrosos y tóxicos que heredamos, y tomar acciones que realmente tengan sentido para mantenernos a salvo”, afirmó Sara Perl Egendorf, quien ayudó a crear una coalición llamada Legacy Lead para abordar la contaminación allí.

Décadas de investigación han demostrado los daños a largo plazo que sufren los niños expuestos al plomo, desde repercusiones en el desarrollo cerebral — la capacidad de aprender, concentrarse y controlar los impulsos — hasta riesgos posteriores para la salud, como las cardiopatías coronarias. Ninguna cantidad, dicen los científicos, es segura. Sin embargo, padres como Garrido, muchos viviendo en zonas urbanas de todo el país, están atrapados en una batalla aparentemente imposible de ganar para proteger a sus hijos de esta neurotoxina invisible.

La intoxicación por plomo suele considerarse un problema del pasado. Pero su legado perdura actualmente como resultado de decisiones empresariales y de las acciones tardías de los gobiernos. El plomo expulsado por los tubos de escape de los autos y las chimeneas industriales hace décadas aún puede encontrarse en el suelo, y la pintura con plomo utilizada ampliamente durante la primera mitad del siglo XX permanece en las paredes de muchos hogares, degradándose hasta convertirse en virutas y polvo. Estados Unidos empezó a eliminar el plomo de la gasolina de los automóviles y de la pintura para el consumo particular en los años 70, pero se sigue vertiendo plomo en las comunidades desde los emplazamientos industriales y la gasolina de aviación que utilizan las avionetas.

Uno de cada dos niños estadounidenses menores de 6 años que fueron examinados entre finales de 2018 y principios de 2020 tenía niveles detectables de plomo en la sangre, y los estudios muestran que la exposición al suelo contaminado es una de las principales razones. Dado que la contaminación por plomo es más común en los barrios de bajo nivel socioeconómico, las personas que viven allí, desproporcionadamente negras y latinas, enfrentan mayores riesgos de sufrir las consecuencias.

Eso es lo que motiva a la gente a pedir y tomar acciones. No hay tiempo que perder.

“Se trata de un grillete químico para las generaciones de niños que nacerán en estas comunidades si no se limpia el plomo”, afirmó Jane Williams, directora ejecutiva de la asociación sin fines de lucro California Communities Against Toxics.

La solución que desea ver es que las autoridades se adelanten al problema y utilicen la información que ya tienen para identificar y limpiar los puntos peligrosos del suelo, en lugar de reaccionar ante los casos individuales de niños envenenados.

“Sabes dónde está el problema”, dijo Williams. “Sabes lo que está haciendo el problema. Sabes cuál es su impacto. Sabes cuál es el costo social. Sabes todas estas cosas, y no haces nada ni como gobierno estatal, ni como gobierno local, ni como gobierno federal”.

Como se adhiere a las partículas del suelo, el viento que levanta la tierra y el polvo puede reintroducir el plomo en la atmósfera y propagar la contaminación, escribió el experto en plomo Howard Mielke de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tulane, en un artículo publicado en 2021 en la revista científica Elementa.

Su investigación en Nueva Orleans ha demostrado que los niveles de plomo en la sangre de las personas expuestas aumentan rápidamente cuando los niveles de plomo en el suelo oscilan entre casi cero y 100 partes por millón, muy por debajo del umbral de 400 partes por millón establecido por la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos. Los niveles de plomo en la sangre se estabilizan a mayor exposición.

El jardín de Garrido en Santa Ana, donde los niveles de plomo oscilaban entre 33 partes por millón y 148, fue una fuente continua de problemas después de que el pediatra le dijera que había plomo en la sangre de su hijo. Los niveles no eran lo suficientemente altos como para que el niño tuviera derecho a los servicios de intervención de la agencia local de salud pública, pero seguían siendo preocupantes. Más tarde le diagnosticaron retrasos en el habla y comenzó terapia de lenguaje.

Cuando la familia Garrido se mudó por primera vez a la casa alquilada, el jardín delantero tenía algo de pasto, pero la sequía posterior lo dejó estéril: un patio envenenado al que no dejaban salir a Rubén.

“No lo dejo salir para nada, pero no importa lo que haga, incluso cuando mantenemos la puerta cerrada todo el tiempo, entra mucha tierra. Está justo ahí. Está como a medio metro de mi puerta”, dijo Garrido antes de irse.

Limpiaba a diario las encimeras de la cocina, pero una gruesa capa de polvo pronto volvía a aparecer.

Aspiraba la pequeña alfombra de su casa tres veces al día, y aun así no era suficiente.

Entre el suelo estéril del patio, y el polvo y la contaminación levantados por las industrias constructoras a lo largo del bulevar principal, situado detrás de su casa, se enfrentó a una batalla perdida. Las llamadas a las autoridades competentes, e incluso a la policía, para denunciar a los comercios que operaban fuera del horario habitual de trabajo, no resolvieron el problema.

Tampoco el informar a los propietarios de su casa rentada sobre los niveles de plomo en el suelo. Garrido dijo que no se ofreció a arreglar el suelo y parecía molesto porque ella había permitido que esta reportera lo analizara en 2018 como parte de una investigación de Grist. Public Integrity solicitó una entrevista a través de la empresa de gestión de la propiedad; el propietario no respondió.

“Creo que todo el mundo tiene derecho a la salud”, dijo Garrido, “pero no todo el mundo piensa eso”.

Padres, defensores de la justicia medioambiental y académicos han pasado los últimos cinco años trabajando juntos para concientizar sobre los peligros de la exposición al plomo en Santa Ana. Su coalición, ¡Plo-NO! ¡Santa Ana! ¡Santa Ana sin plomo!, también ha realizado pruebas de plomo en el suelo a lo largo de la ciudad y ha presionado a las autoridades municipales y a la Agencia de Salud del Condado de Orange para que aborden el problema de forma más agresiva.

Fuente:Univision.com

Written by: Editor

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