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Ómicron sí es peligrosa para EEUU

today01/13/2022 24

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Entrando en el tercer año de pandemia, el panorama es más confuso que nunca. La evidencia científica apunta a que ómicron produce una enfermedad menos severa que otras variantes (no por ello desestimable), pero los hospitales siguen desbordados.

 

Si bien abundan las vacunas y ya hay tratamientos autorizados, las cancelaciones de vuelos, cierre de negocios y de escuelas están a la orden del día en algunas regiones del país.

 

Así como en los primeros meses de la pandemia, las pruebas diagnósticas siguen escaseando y corremos el riesgo de que, de sufrir alguna emergencia médica por cualquier causa ajena al coronavirus, no haya nadie que nos atienda en el hospital.

 

Debido a su asombrosa capacidad de transmisión, todos conocemos a alguien -posiblemente a más de uno- con covid-19. Esquivar el contagio, incluso estando vacunado, en estos momentos es prácticamente una proeza.

 

Pero gracias a las vacunas y particularmente a los refuerzos, la mayoría se recupera sin contratiempos. No obstante, eso no implica que estemos blindados de uno sus peores efectos: la disrupción social.

 

He ahí una de las grandes contradicciones de esta variante: aunque en lo individual para muchos ( los completamente vacunados y con refuerzo) no represente un gran peligro, para la sociedad sigue representando una catástrofe.

 

Cincinnati tuvo que declarar un estado de emergencia debido a la gran cantidad de bomberos y personal médico enfermo con el virus. Uno de cada 6 policías en Nueva York ha dado positivo para el covid-19 en la última semana.

 

Miles de escuelas han vuelto a un formato virtual de educación debido a brotes. Anaqueles de los supermercados también están más vacíos de lo habitual debido al ausentismo laboral que ha generado la variante ómicron: demasiados empleados esenciales están en aislamiento o cuarentena.

 

¿Por qué si es menos virulenta, ómicron sigue trastocando tanto nuestras vidas? El contexto en el que estamos explica gran parte de las razones. Lo explicamos.

 

Hospitales desbordados

Y ni siquiera se ha alcanzado todavía el pico de contagios

La amenaza de que si enfermas por cualquier motivo no haya personal médico o camas disponibles para atenderte sigue latente.

 

Con ómicron se ha dicho que en vez de contar casos (que están subrepresentados por la escasez de pruebas e igualmente ya alcanzan cifras exorbitantes -más de 738,000 diarios-), para medir el impacto de la pandemia es preferible regirse por las hospitalizaciones como métrica.

 

En los últimos 14 días estas han aumentado 83% según estadísticas del diario The New York Times y esta semana alcanzaron un récord de la pandemia: casi 146,000 según cifras del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS). Un número que supera los 142,000 reportados hace un año en enero de 2021.

 

El promedio de siete días de hospitalizaciones diarias ronda los 132,000, un aumento de 83% con respecto a hace dos semanas.

 

Y se cree que todavía el país no ha alcanzado el pico de contagios. Algunos modelos predicen que habrá entre 275,000 y 300,000 hospitalizaciones a finales de enero.

 

Por simples matemáticas, al ser ómicron tan contagiosa, así un porcentaje menor de gente enferma desarrolle complicaciones, el volumen sigue siendo demasiado alto y colapsa el sistema de salud.

 

Esto en un contexto donde el personal médico ya viene desgastado por las olas anteriores, explica a Univision Noticias Amesh Adalja, experto en enfermedades infecciosas del Centro de Seguridad de la Salud Johns Hopkins.

 

“Incluso si ómicron tiene un menor índice de hospitalización, todavía sigue siendo demasiado alto para muchos lugares”.

 

En estados como Illinois y Massachusetts ya han retrasado las cirugías electivas, -todas aquellas que no sean una emergencia que ponga en riesgo la vida-, reporta The New York Times.

 

¿Hospitalizados por o con covid-19?

La pregunta del huevo o la gallina que no sirve de consuelo a los trabajadores de la salud

 

Al hablar sobre el impacto de ómicron, mucho se ha dicho sobre las hospitalizaciones incidentales, es decir, aquellas que quedan registradas como covid positivo, aunque el paciente haya ido al hospital por otra causa.

 

No se sabe con exactitud qué porcentaje de las personas hospitalizadas encajan dentro de esa categoría, pero en todo caso igualmente tiene repercusiones para la atención hospitalaria al requerir una serie de medidas que incluyen protocolos de aislamiento.

 

Fuiste al hospital porque te rompiste un hueso o porque ibas a dar a luz y no sabías que tenías covid-19. Eso es para el personal de salud un problema más con el que tienen que lidiar.

 

Para muchos médicos que trabajan en salas de emergencia, como Megan Ranney, quien ejerce en el área de Rhode Island, esta termina siendo una discusión como “la del huevo o la gallina”.

 

“La eterna pregunta es si están hospitalizados con o por covid… Pero sea cual sea el caso la realidad es que están copando nuestras salas de emergencia, unidades de cuidados intensivos y hospitales”, advierte esta especialista en su cuenta de Twitter.

 

“Algunos son por covid y otros con covid, pero es todo covid. Al final del día no importa”, dice a The Atlantic, Vineet Arora, hospitalist de Illinois.

 

Personal médico escaso y desgastado

«La crisis de personal médico es peor que en cualquier otro momento de la pandemia»

 

El sistema de salud ya estaba resquebrajado antes de la llegada de ómicron, que ha llevado a los médicos y enfermeras a un nuevo punto límite, frustrados de atender tantos pacientes que -de estar vacunados- no terminarían allí.

 

1 de cada 5 trabajadores de la salud ha renunciado desde marzo de 2020 según un reporte. Los que quedan, están ‘quemados’ y cada vez más de ellos dan positivo y deben someterse a protocolos de cuarentena y aislamiento, lo que empeora la crisis de falta de personal que, según estimados del Departamento de Salud y Servicios Humanos, ya encaran un cuarto de los hospitales de EEUU.

 

“Ómicron contagiará a muchos trabajadores de salud causando aún más disrupciones. La clave para superar esta ola es apoyar a los hospitales”, recalca a Univision Noticias Amesh Adalja, experto en enfermedades infecciosas del Centro de Seguridad de la Salud Johns Hopkins.

 

“En los dos últimos años no he visto a tantos colegas con covid como ahora. La crisis de personal es peor que en cualquier otro punto de la pandemia”, dice a The Atlantic, Amanda Bettencourt, presidente de la Asociación Estadounidense de Enfermeras de Atención Crítica.

 

“Hay noches en las que tenemos secciones enteras de camas cerradas por falta de personal”, cuenta a ese medio la médico de emergencia Megan Ranney.

 

Todo esto prácticamente tras bastidores de una sociedad que a nivel individual se empeña en continuar con la normalidad aferrada a la idea de una enfermedad leve. Pero donde la gente tarde o temprano, sufre en carne propia las consecuencias.

 

“Si estás vacunado y con refuerzo ¿por qué debería importante lo que hacen los demás? Pues porque todos necesitamos un sistema de salud que funcione. Para la apendicitis de tu hijo el accidente de tránsito de tu amigo o ese familiar que necesita una cirugía para su cáncer. Las vacunas impiden que los hospitales se hagan disfuncionales durante un pico”, explica en Twitter Ashish Jha, decano de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Brown.

 

Demasiados siguen sin vacunarse o sin ponerse la importante tercera dosis

Puerto Rico es vivo ejemplo de por qué los boosters son tan necesarios

 

En EEUU aproximadamente al menos 207 millones de personas están completamente vacunadas (63%), lo que incluye a casi 76 millones que han recibido la tercera dosis de refuerzo que es necesaria para redoblar la protección.

 

Pero quedan todavía demasiadas que no han recibido ni siquiera la primera (la gran mayoría de los pacientes que terminan en las unidades de cuidados intensivos) y muchas que no están convencidas de ponerse el refuerzo o booster, algo que no sólo ayuda a protegerse de los peores efectos del coronavirus, sino que a la vez contribuye a frenar el impacto de ómicron sobre el sistema de salud.

 

Ejemplo de ello, el caso de Puerto Rico, un estado que, aunque tiene al 75% de la población completamente vacunada y al 85% con al menos una dosis, enfrenta su peor brote de contagios y hospitalizaciones en estos momentos.

 

Un tercio de los casos reportados allí durante toda la pandemia ocurrieron en diciembre, un mes en el que, según un reportaje de The New York Times, las hospitalizaciones se duplicaron dos veces.

 

Una de las razones: muchos de los vacunados ya tienen más de seis meses de recibir la segunda dosis (cuando la protección de la vacuna comienza a desvanecerse) y todavía no se han puesto el refuerzo. Algo que, sumado a las fiestas decembrinas que estuvieron acompañadas por eventos masivos, crearon la tormenta perfecta para un repunte.

 

Muchos otros estados pronto se verán -o ya se están viendo- en ese espejo.

 

Un grupo sigue vulnerable y sin acceso a la vacuna: los niños pequeños

Las hospitalizaciones pediátricas también se han disparado

 

Durante esta nueva ola del coronavirus en EEUU, las hospitalizaciones pediátricas por covid-19 han alcanzado un nuevo récord especialmente en un grupo: los niños de 4 años o menos que todavía no son elegibles a la vacuna que todavía podría tardar meses en ser autorizada.

 

“Desafortunadamente estamos viendo los índices de hospitalización aumentando para niños de 4 años o menos que todavía no pueden vacunarse. Es fundamental que los rodeemos de personas que estén vacunadas para protegerlos”, insistió la directora de los CDC Rochelle Walensky hace unas semanas.

 

La mayoría de los niños con covid-19 siguen presentando una enfermedad leve y esto no quiere decir necesariamente que ómicron sea más virulenta para este grupo demográfico, sino que al haber más contagios y no ser elegibles a vacunas que los protejan, inevitablemente más niños terminarán en el hospital.

 

“A más niños contagiados, más enfermarán lo suficiente para terminar hospitalizados”, dijo al New York Times, la pediatra experta en enfermedades infecciosas Yvonne Maldonado.

 

De los niños que sí son elegibles a la vacuna, todavía queda un alto porcentaje sin vacunar lo que tiene efectos sobre el sistema educativo.

 

La gente está cansada, pero el virus no

Medidas que en el pasado funcionaron para frenar la curva de casos ya no son viables, ni razonables

 

La fatiga pandémica ha llevado a muchos a tirar la toalla en lo que se refiere a medidas de protección. Pedirle a la gente que evite aglomeraciones, vaya a fiestas y hasta se ponga la máscara es cada vez más difícil, especialmente cuando prevalece una falsa narrativa de que ómicron es ‘leve’, algo que no aplica en todos los casos.

 

La falta de mensajes claros y coherentes por parte de las autoridades sanitarias como los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades tampoco ayuda.

 

“Implementar políticas que exijan a los individuos un sacrificio sustancial simplemente no funcionará. En vez de ello, debemos reconocer el cansancio muy real del público y proponer estrategias que mantengan el funcionamiento de la sociedad”, insiste en un hilo de Twitter la experta en salud pública Leana Wen.

 

“Incluso cuando los cierres podrían llevar a ómicron bajo control no hay apetito político o social para apoyar este nivel de sacrificio colectivo”, explica en un artículo de opinión publicado en el Washington Post.

 

Para ella, la solución está en un camino intermedio: “No debemos pedirle a la gente que se quede en casa, pero que sí use máscaras de calidad en todos los espacios públicos cerrados. No debemos cancelar congregaciones, pero sí exigir pruebas de vacunación y boosters”.

 

El gobierno se tarda demasiado en tomar medidas

(Y comunicarlas oportuna y apropiadamente)

 

Una respuesta gubernamental reactiva incapaz de anticiparse al próximo capítulo de la pandemia ha sido uno de los grandes talones de Aquiles de EEUU en lo que se refiere a la pandemia y algo que nuevamente ha empeorado las cosas.

 

Biden se tardó demasiado en tomar medidas para garantizar la disponibilidad y acceso a las importantes pruebas de detección que en países de Europa abundan y son gratuitas.

 

Ha prometido enviar 500 millones a los hogares, pero no llegarán a tiempo. Ordenó a las aseguradoras que cubran su costo, pero las pruebas rápidas siguen escaseando, al igual que la disponibilidad de citas para tests PCR o antígeno en farmacias o establecimientos médicos. Millones de personas no obtienen un diagnóstico oportuno y contagian a los demás.

 

También hay un suministro limitado de los tratamientos efectivos para ómicron: todavía no hay suficientes pastillas antivirales o terapias de anticuerpos monoclonales que ayudarían a evitar muchas hospitalizaciones.

 

Varios expertos han criticado el retraso de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades en actualizar oportunamente sus lineamientos y en saber comunicarlos apropiadamente a la población.

 

Ahora es cuando están considerando recomendar el uso de máscaras de alta calidad como las KN95 o N95 para la población general, algo fundamental en el criterio de muchos especialistas para contener la propagación de una variante tan contagiosa como ómicron.

 

También se ha criticado la reciente modificación a los criterios para salir de la cuarentena y aislamiento.

 

“Los negocios privados y gobiernos locales quieren a un ente con autoridad al que puedan atar sus decisiones y que ayude a informar los protocolos que implementen. La realidad es que los lineamientos de los CDC son generales en naturaleza y siempre llegan con lentitud”, comentó en una entrevista Scott Gottlieb, ex comisionado de la FDA.

 

¿Cuándo bajará la curva vertical de casos?

No se sabe, pero en el interín seguirá causando disrupción en todos los ámbitos

 

El resultado de todo esto es un comienzo de año que se parece demasiado a marzo de 2020: nuevos mandatos y cierres, colapso del sistema médico, anaqueles más vacíos y poca disponibilidad de tratamientos y pruebas.

 

Sí: todo apunta a que ómicron causa una enfermedad menos severa en los vacunados, pero de cierto modo la disrupción que está dejando a su paso es equiparable o peor a la de otras variantes.

 

El anhelo es que, como en otros países como Sudáfrica, la curva vertical de casos comience a bajar tan vertiginosa y dramáticamente como subió. Pero en el interín será difícil escapar de sus peores efectos.

 

Fuente: Univisión

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