Hacinados, muy vigilados y con reglas estrictas: así viven 1,600 niños migrantes en un centro de detención de Florida

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Hacinados, muy vigilados y con reglas estrictas: así viven 1,600 niños migrantes en un centro de detención de Florida

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Tras el cierre del centro de detención de menores de Tornillo, en Texas, los activistas han puesto el foco sobre un albergue similar en Homestead que alberga a unos 1,600 niños y adolescentes.

Las organizaciones que han podido entrar observaron hacinamiento en las habitaciones, reglas muy estrictas y tiempos de espera mucho más largos de los debidos para la reunificación de los migrantes con sus patrocinadores en EEUU.

 

"Una experiencia escalofriante" o una "sensación de prisión". Así describieron las congresistas demócratas de Florida Donna Shalala y Debbie Mucarsel-Powell lo que sintieron en una visita reciente al Refugio Temporal para Niños Migrantes No Acompañados de Homestead, el nombre oficial del mayor centro de detención de menores del país situado en el sur de Florida y el único del país operado por una empresa privada.

 

Levantado en terrenos de una base aérea del ejército al sur de Miami, este centro de detención temporal que combina edificios de concreto beige con grandes tiendas de campaña y campos deportivos rodeados por verjas puede llegar a albergar hasta a 2,350 menores, aunque en la actualidad hay unos 1,600. Son niños y adolescentes de entre 13 y 18 años, principalmente centroamericanos, que llegaron a Estados Unidos solos o con familiares que no eran sus padres y fueron separados en la frontera.

 

La Administración para Niños y Familias (ACF), encargada del centro, asegura que tratan a los niños con "gran dignidad y respeto", que todos ellos reciben comida, ropa, educación y servicios médicos, que pueden hacer dos llamadas telefónicas de 10 minutos a la semana (una a sus padres y otra a sus patrocinadores legales en EEUU) y que celebran fiestas y son premiados con pizza y helados cuando se portan bien.

 

Sin embargo, abogados, activistas y congresistas que han podido conversar con los niños han denunciado que los menores viven hacinados, extremadamente vigilados y con reglas muy estrictas y también han criticado los largos tiempos de espera hasta que son reunificados con sus familias, que en algunos casos se extienden hasta 9 meses. Y eso, según los psicólogos, puede dejarles secuelas de por vida.

 

Por eso, tras el cierre de un albergue similar en Tornillo (Texas), este se ha convertido en el objetivo de los activistas que velan por los derechos de los niños migrantes que exigen a las autoridades reunificar a los niños lo antes posible con sus familias y clausurar el centro.

 

Sin privacidad y con estrictas reglas

 

Representantes de las organizaciones que han conseguido entrar en el centro de detención de menores de Homestead aseguran haber hablado con jóvenes que decían compartir habitación con entre 100 y 200 niños. Esa versión fue confirmada por la congresista Debbie Mucarsel-Powell tras visitar el centro. "Puedo decirles que, como madre, fue muy difícil caminar por el centro. Tenía una sensación de prisión. Entramos en un cuarto que tenía literas donde 144 niños duermen en un área. Vimos a niños comiendo en una tienda. No sé cuántos niños estaban comiendo ahí", dijo en declaraciones a la prensa.

 

Para una de las abogadas que pudo entrar al albergue, Neha Desai, directora de inmigración del National Center for Youth Law (NCYL), no debería existir un centro de detención de menores con una capacidad tan grande ya que, a su juicio, eso impide satisfacer las necesidades individuales, tanto físicas y mentales como de educación y salud de los niños.

 

"La manera en la que lo gestionan es con muchas reglas donde todos los niños tienen que seguir un régimen muy estricto", afirmó Desai. Según su relato, entre las normas del centro que pudo saber tras conversar con los niños está una que les prohíbe tocarse entre ellos. "Nos contaron que no podían abrazar a sus amigos o las niñas no podían hacerse trenzas unas a otras o tener cualquier tipo de contacto y para niños que han pasado por tanto en sus países y en sus viajes hacia aquí, esa negación de contacto humano básico era muy, muy difícil", aseguró. "Lo hacen para evitar contacto inapropiado, pero es muy extremo".

 

Además, la directora de inmigración de NCYL identificó una gran falta de privacidad en el centro: "Los niños comentaban en las entrevistas que la única ocasión en la que no están los supervisores es cuando están en el inodoro o en la ducha. No tienen ninguna privacidad ni siquiera en sus habitaciones, ahí siempre hay alguien viéndolos. Para las chicas, concretamente, es una experiencia muy incómoda. Incluso cuando tienes 17 años y eres bastante mayor no te dejan ir al baño sola. Sienten todo el tiempo que no tienen libertad de movimiento y que no pueden ir a ningún sitio sin supervisión", afirmó Desai en entrevista telefónica con Univision Noticias.

 

Esas mismas sensaciones fueron las que un joven centroamericano de 17 años que ya fue liberado del centro y entregado a sus patrocinadores legales le describió a María Asunción Bilbao de la organización United We Dream. "Me contó que el lugar tiene un régimen cerrado. Solo pueden salir (al patio) media hora dos veces al día y los niños no pueden estar con las niñas. Tienen que estar separados", afirma.

 

Según Bilbao, el joven le contó que hay "mucha disciplina" y que, a quienes incumplen alguna norma, como por ejemplo sacar una manzana del comedor, les ponen faltas por mal comportamiento y los menores tienen miedo de que eso pueda afectar a sus casos de solicitud de asilo cuando estén delante de un juez.

 

Detenidos más tiempo del debido

 

"Él no se sintió mal pero quería estar con su familia rápido y tardaron seis meses en mandarlo con sus tíos. Otros chicos han pasado entre 8 y 10 meses ahí y están desesperados por estar con sus familias", añadió Bilbao.

 

La larga permanencia de los niños detenidos en este albergue temporal es otro de los problemas identificados por las organizaciones que consiguieron visitar el centro y hablar con los niños.

 

Según le explicó en un email a Univision Noticias la ACF, en el primer trimestre de este año, los menores inmigrantes a su cargo han pasado una media de 58 días en ese centro antes de ser liberados, principalmente a "patrocinadores que son familiares en EEUU", mientras esperan una respuesta a sus casos de migración.

 

Jonathan Hayes, director interino de la Oficina de Relocalización de Refugiados de la ACF, le dijo a Univision Noticias que su oficina provee "servicios de forma organizada y compasiva", al tiempo que trabaja "rápido" para encontrar a cada niño "un patrocinador adecuado”.

 

Sin embargo, Neha Desai asegura que su organización ha hablado con niños que llevan detenidos más de 7 y 8 meses."Y sinceramente incluso 58 días es dramáticamente más alto respecto a lo que sería apropiado considerando que son albergues temporales. Cuando las cortes han tomado decisiones previamente sobre la extensión adecuada de las estancias en este tipo de centros, sin contacto con las familias, han dicho que aproximadamente 20 días parecía razonable", apuntó.

 

Según Dehai, en sus entrevistas con los niños y adolescentes recluidos en Homestead, estos aseguraron haber recibido información inconsistente de los administradores de sus casos sobre lo que pasaba con su proceso para poder ser entregados a los patrocionadores en EEUU, algo que les genera mucha confusión y frustración. Además, afirma que el gobierno ha endurecido los requisitos para entregar los niños a los esponsors que no son los padres.

 

"En parte es porque se quieren asegurar que no se entreguen a personas inadecuadas y a sitios que no son seguros, pero en algunos casos se está llevando al extremo y (...) no paran de ponerles requisitos adicionales incluso cuando las familias han entregado todo lo que se les pide", afirma la abogada del National Center for Youth Law. "Una niña nos contó que el administrador de su caso le pedía una foto de la tía a la que iba a ser entregada, pero decía que era imposible porque en su país no tenían una cámara, un iPhone o algo para tomar una foto y la administradora le decía que no la podían liberar hasta que mostrara una foto pero ella no podía. Estaba frustrada con ese escenario que significaba que ella seguía detenida por una solicitud que no podía cumplir", cuenta.

 

Un centro que le genera beneficios a una empresa privada

 

"Esos niños tendrían que estar con sus familias porque tienen familia acá", apunta María Asunción Bilbao, de United We Dream, que considera que se está usando un albergue temporal por más tiempo del debido porque "están haciendo dinero con la miseria de los niños".

 

"Imagínate el negocio que es que estaban esperando entrar a la Bolsa de Valores", añade Bilbao al mencionar la noticia que se conoció la semana pasada de que Caliburn, la empresa a la que ha contratado ACF para gestionar el centro de detención de menores de Homestead, desistió en su intento de cotizar en Bolsa.

 

El dinero que mueven estos centros de detención temporales es mayor al de los albergues permanentes y de menor tamaño. Según la secretaria de prensa del Departamento de Salud y Servicios Humanos, Evelyn Stauffer, el costo de cuidar a un niño en centros como el de Homestead en unos $775 diarios y, teniendo en cuenta que hay unos 1,600 niños, eso supone $1.2 millones diarios, que salen del bolsillo de los contribuyentes.

 

"Creo que no debería tener beneficio económico albergar a niños migrantes. Esto forma parte de un sistema con una bancarrota moral", afirmó el congresista demócrata Joaquín Castro, quien visitó el centro de detención de Homestead junto a Mucarsel-Powell y Shalala. "Tenemos mucho trabajo por hacer sobre cómo tratar a estos niños".

 

Por su parte, su colega, el senador demócrata Jeff Merkley, presentó una ley para prohibir estos albergues temporales, argumentando que pueden causar mayores traumas a los niños.

 

Por eso, los activistas y los grupos de defensa de derechos humanos piden que se reúna a los niños con sus familias en Estados Unidos cuanto antes para poder cerrar el centro. Y, en los casos que no sea posible una rápida reunificación, que se les envíe a albergues de menor tamaño.

Eso es precisamente lo que quiere Martin Levine, un abogado jubilado de Miami que protesta desde junio pasado a las afueras del centro de detención de Homestead. "La pregunta no es si están aquí mejor que en su país. La pregunta es si nosotros lo podemos hacer mejor y la respuesta es que sí”.

 

Fuente: UN

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