Trump llama a la unidad, pero termina exacerbando las divisiones políticas

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Trump llama a la unidad, pero termina exacerbando las divisiones políticas

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El presidente ofreció su segundo mensaje anual al Congreso con un tono pausado pero que estuvo pleno de referencias a temas que alimentan la polarización ya existente entre republicanos y demócratas.

 

En su segundo discurso ante el Congreso sobre el Estado de la Unión, el presidente Donald Trump hizo lo que ni Richard Nixon, Ronald Reagan o Bill Clinton hicieron cuando sus gestiones estaban bajo investigaciones de la fiscalía y sugirió que esas "ridículas investigaciones partidistas" ponen en peligro el buen momento que vive la economía.

 

“Un milagro económico está ocurriendo en Estados Unidos y la única cosa que puede detenerlo son las tontas guerras, políticas o ridículas investigaciones partidistas. Si va a haber paz y legislación, no puede haber guerra en investigación. Simplemente no funciona de esa manera. Debemos estar unidos en casa para derrotar nuestros adversarios en el exterior”, dijo Trump generando asombro entre muchos legisladores demócratas.

 

La alocución se produjo con una semana de retraso respecto a la fecha originalmente acordada -que tuvo que ser cambiada por el cierre parcial del gobierno federal- y tras perder al cabo de más de un mes el pulso que significó ese episodio, el presidente Trump presentó su mensaje anual ante el pleno del legislativo con el que pretendió hacer una llamado a la unidad bipartidista pero que estuvo plenos de referencias que exacerban las divisiones entre republicanos y demócratas.

 

La dinámica fue la misma de todos estos mensajes ceremoniales: la ovación de minutos después de que el ujier del Congreso anuncia la llegada del presidente y este cruza el pleno de la Cámara mientras va estrechando las manos de algunos legisladores. Luego, las frecuentes interrupciones con aplausos de los partidarios del presidente junto a la inamovilidad desaprobatoria de los demócratas, además de algunas declaraciones engañosas y sin fundamento.

 

El discurso tuvo en su mayor parte un tono moderado, algo no muy acostumbrado en Trump, y en muchas secciones, sobre todo en el arranque y en el final, estuvo lleno de apelaciones al trabajo bipartidista por el bien común.

 

“Juntos podemos romper décadas de parálisis política. Podemos superar viejas divisiones, curar viejas heridas, construir nuevas coaliciones, forjar nuevas soluciones y desatar la extraordinaria promesa del futuro de EEUU. La decisión es nuestra”, dijo el presidente al indicar que la agenda que presentaría al Congreso no era “republicana o demócrata. Es la agenda del pueblo estadounidense”.

 

Pero el llamado unitario, que muchos destacaron como una novedad en boca del mandatario (aunque es lo usual en este tipo de discursos) duró poco. Aunque manteniendo un tono pausado que le es poco común, Trump rápidamente incurrió en el listado de temas que están en la base de las divisiones que afectan a la sociedad estadounidense: desde Obamacare hasta inmigración y aborto.

 

Al menos en cuatro ocasiones fue abucheado desde la bancada demócrata, sobre todo cuando vinculó el éxito de la marcha del país al cese de las investigaciones que hay sobre su campaña, sus empresas, varios de sus colaboradores y miembros de su familia.

 

Salvo ese inusual llamado a cerrar las investigaciones de la fiscalía especial que dirige el fiscal Robert Mueller, a la que no se refirió explícitamente, el presidente repitió temas ya trillados, como la insistencia en construir un muro fronterizo con México, el vínculo que insiste en trazar entre indocumentados y criminalidad (que es rebatido por todos los estudios), o la supuesta "derrota total" del grupo extremista islámico ISIS.

 

¿Y la emergencia nacional?

 

Muchos esperaban que Trump presentara nuevos argumentos para justificar una eventual declaración de emergencia nacional que le permita construir el polémico muro con México en caso de que el Congreso no incluya fondos para la obra en los presupuestos que debe aprobar para mantener el gobierno funcionando después del 15 de febrero y que fue lo que llevó al cierre parcial en diciembre.

 

El presidente siguió presentando una imagen catastrófica de la situación de seguridad en la frontera, repitiendo datos que no están respaldados por la estadística ni por la realidad de las zonas que pretende dibujar.

 

“La ciudad fronteriza del El Paso, Texas, solía tener extremadamente altos niveles de crímenes violentos, uno de los más altos en el país, y era considerada una de las ciudades más peligrosos de nuestra nación. Ahora, con una poderosa barrera en pie, El paso es una de nuestras ciudades más seguras”, afirmó el presidente.

 

Las estadísticas indican que El Paso, al igula que casi todas las poblaciones ubicadas a lo largo de la frontera con México, desde hace décadas se cuentan entre las comunidades más seguras del país, en contraste con las poblaciones vecinas del sur de la línea divisoria y con grandes ciudades ubicadas más al norte del territorio nacional.

 

De hecho, la congresista del distrito que incluye El Paso, Verónica Escobar, publicó inmediatamente un mensaje en su cuenta de Twitter rebatiendo lo dicho por Trump mostrando la foto de una nota de prensa de 2003 cuyo título dice: "El Paso nombrada la segunda ciudad grande más segura del país".

 

Trump volvió a manipular las cifras para reforzar su discurso del caos que supuestamente se vive en la frontera, hablando de cómo la la Fuerza de Inmigración y Aduanas (ICE) "hizo 266,000 arrestos de inmigrantes criminales, incluyendo acusados o convictos de cerca de 100,000 asaltos, 30,000 crímenes sexuales y 4,000 asesinatos".

 

Las mujeres de Pelosi

 

La coprotagonista de la noche fue la nueva presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi, quien sentada en el podio detrás del presidente, a su derecha, destacaba por el vestido blanco que escogió para la noche. Blanco fue, de hecho, el uniforme de todas las congresistas demócratas para marcar el centenario de la promulgación de la enmienda constitucional que otorgó el voto a la mujer, una lucha del movimiento de las llamadas "sufragistas".

 

Los gestos de Pelosi marcaban el ánimo de los demócratas y en más de una ocasión, la congresista por California no solo no se puso de pie, sino que se abstuvo de aplaudir cosas que decía el presidente.

 

De hecho, Pelosi actuó como una especie de maestra de orden tratando de evitar expresiones de rechazo demasiado sonoras por parte de los miembros de su bancada.

 

Una imagen que quedó en la retina de muchos fue cuando la demócrata aplaudió dirigiendo sus palmas al presidente cuando este hablo de la necesidad de lograr más compromisos políticos para avanzar la agenda nacional. Fue un momento con una notable carga sarcástica, considerando que la intransigencia republicana es considerada por los demócratas como la razón que llevó al cierre del gobierno.

 

Uno de los escasos momentos en los que ambas bancadas se pararon para ovacionar al presidente, fue cuando Trump se refirió al éxito que estaban teniendo las mujeres en el buen momento que vive la economía.

 

“Nadie se ha beneficiado más de esta economía que las mujeres, que han llenado el 58 por ciento de los nuevos trabajos creados el año pasado. Todos los estadounidenses podemos estar orgullosos que tenemos más mujeres en la fuerza laboral que nunca antes. Y exactamente un siglo después de que el Congreso aprobó la enmienda constitucional dándole a las mujeres en el derecho de votar, también tenemos más mujeres sirviendo en el Congreso que nunca antes”.

 

 

Y eso fue motivo para que las congresistas demócratas se levantaran, si quizá no para respaldar al mandatario, si para celebrar el éxito que lograron en las pasadas elecciones de mitad de período, cuando lograron conformar la mayor representación femenina en la historia del legislativo.

 

El mandatario, cuyas relaciones con las mujeres han sido problemáticas desde los tiempos de la campaña, tuvo un extraño momento de armonía con las legisladoras demócratas al punto que se permitió hacer una broma diciéndoles que "no debían hacer eso".

 

Ofrecer el mensaje le tomó al presidente una hora y 22 minutos, es decir, dos minutos más que el que invirtió en el que ofreció en 2018 y que quedó registrado como el tercero más largo de la historia. Así que el récord de los dos más extensos sigue siendo de Bill Clinton.

 

Fuente: UN

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