Obama hace campaña contra Trump en el décimo aniversario de su victoria

Noticias Populares

Latas de chiles, una tortura en YouTube y la entrevista de Rolling Stone: estas son las pruebas clave del juicio contra 'El Chapo'

Cuando los fiscales federales presenten los argumentos iniciales en el juicio contra el jefe del...

Mujer se declara culpable de comprar de arma de fuego que fuese usada en tiroteo con la policía

Una mujer de Delaware acusada de comprar ilegalmente un arma que más tarde fue utilizada por su...

Corte de Apelaciones falla a favor de DACA y decide que el gobierno de Trump no puede cancelar el programa

Se trata de un nuevo golpe a la Administración, que ha intentado acabar con este beneficio que...

Phoca Facebook Comments

Share on Myspace

Obama hace campaña contra Trump en el décimo aniversario de su victoria

Star InactiveStar InactiveStar InactiveStar InactiveStar Inactive
 

"Este momento es demasiado importante, demasiado profundo para quedarse al margen", dijo el expresidente en un acto en Chicago en el que animó a votar por los candidatos demócratas.

 

En el décimo aniversario del triunfo que le llevó a la Casa Blanca, Barack Obama volvió a Chicago para arengar a miles de personas en un recinto de la Universidad de Illinois. Afilado, casi sin voz y en mangas de camisa, el expresidente pidió el voto para los candidatos demócratas de su estado, presumió de sus logros como presidente y llegó a decir que estas elecciones eran aún más importantes que las que le llevaron al poder.

 

“La esperanza aún está ahí fuera”, dijo Obama. “El progreso solo llega si uno lucha por él. En estos meses estoy viendo un enorme despertar de ciudadanía en todo el país. Jóvenes, mujeres y veteranos se han dado cuenta de que este momento es demasiado importante, demasiado profundo para quedarse al margen”.

 

 

Con los Clinton fuera de juego y a la espera de que emerja un líder definido de las primarias presidenciales de 2020, los demócratas se han entregado de nuevo al talismán que les devolvió hace 10 años a la Casa Blanca y lo han desplegado en lugares estratégicos: campus universitarios, vecindarios afroamericanos y ciudades industriales como Gary (Indiana), donde Obama batió a John McCain por un punto en 2008 y Hillary Clinton en cambio perdió por 19 contra Donald Trump.

 

Es una estrategia similar a la que los demócratas adoptaron hace dos años. La diferencia es que esta vez Clinton no está en la papeleta y Obama es cada vez más popular.

 

Un sondeo elaborado en febrero por la CNN situó la popularidad de Obama en torno al 66%. Esa cifra está 20 puntos por encima del índice habitual durante su mandato y refleja una cierta nostalgia entre los votantes independientes, que extrañan sus formas y su respeto por la realidad. Cuando la firma de encuestas Gallup preguntó en febrero de este año por la presidencia de Obama, un 63% de los encuestados expresaron una opinión favorable sobre su gestión. Esa cifra es muy similar a las de George H. W. Bush y Bill Clinton y sólo está por detrás de las de presidentes legendarios como Ronald Reagan y JFK.

 

La presencia del expresidente puede ayudar a los demócratas en los dos asuntos más importantes para los votantes: la economía y la Sanidad.

 

Según un sondeo elaborado por Gallup en enero de este año, un 56% de los ciudadanos atribuyen la bonanza económica del país a la gestión de Obama y sólo un 49% a lo que ha hecho Trump. Consciente de esas cifras, el expresidente presumió este domingo de haber creado más empleos en los últimos 21 meses de su mandato de los que ha creado su sucesor durante sus primeros 21 meses en el despacho oval.

 

Una economía en crecimiento suele ayudar en las urnas al partido en el poder. Pero esa máxima quizá este año es diferente. Entre otras cosas porque el presidente está centrando su campaña en asuntos culturales y habla menos de economía que de inmigración.

 

El otro gran asunto de estas elecciones es la Sanidad. Después de fracasar en su intento de derogar la reforma sanitaria de Obama, muchos republicanos se presentan ahora como defensores de la cobertura que ofrece a las personas con enfermedades crónicas. El expresidente ha subrayado esa contradicción en todos sus mítines y lo hizo de nuevo aquí en Chicago, donde señaló el trabajo de la enfermera Lauren Underwood, que ayudó a implementar la reforma y ahora se presenta a la Cámara de Representantes por uno de los distritos más disputados de Illinois.

 

La batalla en estado decisivos

 

Una de las obsesiones de Obama en esta recta final de la campaña ha sido llevar a más gente a votar. Se podría decir que es una vuelta a los orígenes porque inició su carrera política registrando votantes afroamericanos en el South Side de Chicago en el verano de 1992.

 

Obama reclutó entonces a cientos de voluntarios, recaudó fondos entre millonarios locales y convenció a los propietarios de las franquicias de McDonald’s de que permitieran montar mesas para registrar a votantes dentro de sus restaurantes. Aquel empeño, conocido como Project Vote, rescató de la abstención unos 150,000 votantes y ayudó a elegir a Carol Moseley Braun, la primera senadora afroamericana de Estados Unidos.

 

Casi tres décadas después de aquel empeño, la gira de Obama no ha pasado inadvertida para su sucesor, que ha criticado su legado y se ha referido a él como “Barack H. Obama” enfatizando en tono xenófobo la inicial de su segundo nombre: Hussein. El expresidente no ha respondido a la provocación, pero ha criticado a menudo a Trump durante la campaña y lo ha presentado como un político que no dice la verdad.

 

Trump y Obama se han cruzado a menudo en esta recta final de la campaña. Ambos han estado en estados decisivos como Florida, Georgia o Indiana y han hecho lo posible por llevar a sus seguidores a votar. Pero los republicanos han medido con tiento las apariciones del presidente y lo han mantenido alejado de distritos urbanos y estados ajustados donde su presencia puede ser contraproducente para cualquier republicano local.

 

El intercambio bronco entre los dos líderes contrasta con la actitud de Obama durante el traspaso de poderes y con las palabras que pronunció en su última conferencia de prensa como presidente, cuando dijo que sólo hablaría cuando estimara que “nuestros valores esenciales podían estar en juego”. Al ser preguntado qué quería decir, Obama puso algunos ejemplos: “Obstáculos explícitos o implícitos a que la gente pueda votar, esfuerzos por silenciar a la prensa o a la disidencia y medidas para arrestar a chicos que han crecido aquí y que en todos los sentidos son estadounidenses para enviarlos a otro país”.

 

Esas condiciones suenan ahora como una profecía que se ha ido cumpliendo durante los dos primeros años de Trump. Quizá por eso Obama rompió su silencio relativo el 7 de septiembre y pronunció en otro campus de Illinois un duro discurso contra su sucesor.

 

Desde entonces ha recorrido varias ciudades encendiendo el entusiasmo de los votantes demócratas y adoptando un tono que no suele adoptar un presidente al hablar de su predecesor. Algún observador ha comparado su agresividad con la de Teddy Roosevelt contra William H. Taft durante la campaña de 1912 y con la Herbert Hoover contra FDR en la convención republicana de 1936.

 

Obama ha sido muy crítico con la dialéctica de Trump sobre la caravana de inmigrantes centroamericanos y sobre su decisión de enviar soldados a la frontera. Este domingo en Chicago la definió como “una artimaña política” y advirtió a los votantes que no se dejaran engañar por las palabras de los republicanos. “Mientras intentan distraerte con todas estas cosas, te están robando la cartera”, dijo. “Te dicen: ‘¡Mira, mira, mira! ¡Caravana, caravana!’ y mientras tanto les dan rebajas fiscales a sus amigos millonarios. ‘¡Mira, mira, mira! ¡Cualquier cosa que dé miedo!’ y mientras tanto están saboteando tu seguro médico”.

 

Fuente: UN

eyh